sábado, 9 de febrero de 2002

El gerdi, un amigo para Dolmatovia



En este 2002 que aún se está desperezando, estamos asistiendo al acontecimiento que supone la llegada del gerdi para los países de la Unión Gerdiana, y del que no somos ajenos por nuestros nexos comerciales con los países de la "zona gerdi".
Somos espectadores de lujo de un evento sin precedentes en la historia, que supone la puesta en marcha de una divisa única y de una política monetaria única para naciones de tanto calado en la economía mundial. Y su importancia fundamental radica tanto en su profundidad -hasta diez países han decidido conjuntamente ceder su poder monetario al Banco Central Gerdiano (BCG)- como en su impacto en la economía global -aproximadamente un 33% del comercio global se realiza en gerdis, solo por detrás del dólar-.

Sí, es cierto, muchos pueden esgrimir que el gerdi en realidad llegó en 1999, cuando los 10 miembros de la zona gerdi decidieron fijar sus tipos de cambio con el gerdi. No les falta razón. Pero es justo ahora cuando el impacto se deja notar mayormente en las empresas dolmátovas que operan en el exterior. Y de manera muy positiva, ¡sin ninguna duda! El primero de los efectos está claro: estamos pasando de trabajar en diez monedas distintas a hacerlo en una sola, ¡con todos los beneficios que ello supone! Esto implica una reducción muy significativa del estrés de las tesorerías de nuestras empresas importadoras y exportadoras. Es un argumento abrumador frente a aquellos que se posicionan "en contra" por motivos populistas, cuando no es entrar en debates como elefantes en una cacharrería.

Más cosas: estabilidad en los precios de exportación e importación. Aquellos que tienen negocios en Ertoria u Osbornia, ambos países entre nuestros diez principales socios comerciales, lo sabrán bien: ¿quién no recuerda las eternas devaluaciones de la lira y la peseta durante la pasada década? Afortunadamente con la llegada de la moneda única no volverá a suceder, el gerdi garantiza la solidez de los tipos de cambio por su fuerte disciplina económica, uno de los objetivos fundamentales con los que nace. Si por algo se caracteriza el gerdi también es por su elevado control de la inflación, que hasta hace poco era de más de dos dígitos en alguno de sus miembros, una certeza de estabilidad, justo lo que necesitan nuestras empresas cuando salen al exterior.

Los señores del PNR o del PCD se posicionan "contra el gerdi" cuando ni siquiera somos miembros de la Unión Gerdiana. Un político de categoría no puede caer en este error de primero de economía: es imposible que un país serio y sólido económicamente como Dolmatovia adopte de motu proprio una moneda extranjera sin tener el más mínimo control de su política monetaria. Esto de usar dólares o gerdis sin ser los EFK o miembro de la UG es más propio de las repúblicas bananeras, y afortunadamente estamos muy lejos de serlo.

También es ingenua la postura de los autoproclamados defensores del liberalismo. ¡Manda leches! ¡Resulta que casi uno de cada tres intercambios económicos que Dolmatovia realiza con el exterior tiene lugar con países de la "zona gerdi" y les parece algo baladí! No señores, que desde los Pactos de Tsvet de 1945 hayamos mantenido una política de neutralidad en el exterior no implica que seamos ajenos a lo que sucede en el mundo. Más si estamos hablando de nuestros vecinos, con quienes tan fuertes nexos económicos tenemos, sin olvidar a nuestros socios eslovios liderados por Irkuturia.

Y la Liga Monárquica, con los sólidos argumentos expuestos, saluda la creación del gerdi por las ventajas explicadas en esta intervención, que espero haya sido de su agrado.

Por Rinat Ballackov.

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